miércoles, junio 14, 2006

Juntos por siempre...

Y asi fué como él tomó la decisión que venía pensando hace un tiempo, dejó atrás sus miedos y se lanzó al agua, sabiendo donde desembocaba aquel río, en un acantilado donde la caída no pasaría desapercibida, si es que lograba quedar con vida, claro está. Pueden imaginar como iba la corriente del río ese día, estaba completamente nublado, parecía que una tormenta había asolado la zona los días previos, la corriente más rápida que en su vida había intentado cruzar. Nadó, nadó y nadó, pero mientras más lo intentaba, más lo arrastraba la corriente río abajo, directamente hacia aquel acantilado, pero él lo seguía intentando, pues no podía dejar de pensar en lo que esperaba al otro lado.

Justo en ese momento, mientras luchaba contra la corriente, levanto su vista, y vió como ella se levantaba de donde estaba. "La perdí" fué lo primero que pensó, y en ese momento decidió resignarse, dejar de luchar contra la corriente, ya no valía la pena continuar sin ella. Cerró los ojos y se dejó llevar por la corriente, directamente hacia el acantilado, triste, destruído por dentro, mientras sus lagrimas se confundían con el agua que lo arrastraba.

Fué en ese instante cuando pasó algo que le devolvió su vida, la que hasta ese momento pensó perdida. Ella no se había ido, había corrido por la orilla del río tratando de alcanzarlo, y cuando logro hacerlo, lo tomó firmemente de la mano, y lo ayudó a salir del agua. Fué en ese momento cuando logró comprender que pasara lo que pasara, ella nunca lo dejaría solo, pues estaban destinados a estar juntos para siempre, aunque de una forma muy distinta a la que él pensó en un comienzo, ya no como uno, sino como dos, dos inseparabes, pero dos.

Fué extraño, pero al tiempo que descansaba y respiraba profundo, las nubes comenzaron a desaparecer, y pequeños rayos de sol comenzaron a caer sobre ellos, fué entonces cuando se puso de pie, y le extendió su mano para ayudarla a levantarse también. Ahí, ambos de pie, frente a frente, mirándola a los ojos, sólo quedaban dos cosas por hacer, la primera nació espontáneamente, un abrazo, pero uno de verdad, sincero. La segunda no tardó en llegar, era lo único que faltaba, respiró profundo y lo dijo... "Te quiero".

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